Por la emoción: momentos de una historia verdinegra de A Mariña a Badalona

Una nueva historia para el concurso literario del blog. Una preciosa historia de como una joven aficionada Gallega, convenció a todo un colegio a transformar un viaje de fin de curso en una excursión al Olimpic, con partido incluido para ver el equipo que hacía pocas semanas que se había proclamado campeón de Europa. Sin duda una bonita manera de volver a entender el porque somos de la Penya. Historias como esta nos hacen recordad que el bressol está muy vivo. Leer y disfrutar. 

Era medianoche del 14 de mayo de 1994, y en el autobús que justo a esa hora salía del Colexio Público de Cervo (Lugo) con destino a Catalunya se sentía la emoción de toda la clase de 8º de EGB, a punto de comenzar la tan ansiada excursión de fin de curso a Barcelona. En mi caso, además, sentía otra emoción todavía más especial. Y es que en menos de 24 horas estaría viendo, por vez primera, a mi adorado equipo de básquet y reciente campeón de la Euroliga jugando en el Palau Olímpic el cuarto partido de la semifinal del play-off por la Liga. Sería la primera parada del viaje de estudios, y toda la clase asistiríamos al Club Joventut Badalona – FC Barcelona. No se podía pedir más. Pero el camino hasta ahí no había sido fácil.

Desde que en 4º de EGB había comenzado a jugar a básquet, mi pasión por la Penya era conocida en el cole; yo, la que no me perdía un partido de los que echaban por la tele y que no paraba de hablar en los recreos de lo buenísimos que eran Tomàs Jofresa, su hermano Rafa, Jordi Villacampa, Mike Smith, Ferran Martínez, Corny Thompson, Juanan Morales… Por eso, cuando se hizo público el calendario de los partidos de la semifinal liguera y comprobé que el cuarto partido entre la Penya y el Barça era en Badalona y coincidía un día antes de nuestra excursión de fin de curso a Catalunya, comencé una batalla dialéctica para convencer a profesoras y profesores, a madres y padres, y por supuesto a mis compis de clase de lo genial que sería ir a ver un partido de básquet del campeón europeo en el Palau Olímpic. Me las apañé suficientemente bien para conseguir lo que parecía imposible: que todo el mundo se implicase al máximo. Se decidió adelantar la excursión un día para llegar el sábado por la tarde y poder ver el partido y un profe hizo gestiones con la Penya para conseguir entrada gratuita para este grupo de escolares de 13 y 14 años que viajaban ex profeso desde la comarca lucense de A Mariña para ver el partido. A cambio, llevaríamos una bandera verdinegra para animar a la Penya, que mi madre cosió y que mis compis de clase me ayudaron a pintar con spray negro con el lema “Dende Cervo (Lugo), Aupa o Joventut!”. Pero todo esto pendía de un hilo, porque para que hubiese cuarto partido, la Penya tenía que forzarlo, después de ir perdiendo la eliminatoria 2-0 a favor del Barça. El tercer partido era clave para que todos los esfuerzos realizados hasta ahora tuviesen final feliz, y se jugó sólo unos días antes de nuestra excursión. Los nervios, tensión y desesperación que pasé en ese tercer partido son indescriptibles… Casi peor que la Final Four europea del 21 de abril en Tel Aviv. Porque de ello dependía no sólo la liga, ¡sino que pudiese ver a la Penya en persona y jugando en casa! Por eso, la victoria verdinegra al final fue apoteósica. Creo que en todo Cervo se me escuchó berrear una y otra vez el ‘Qui juga? La Penya! Qui mana? La Penya! Peeeenya!’ con más fuerza que unas semanas antes, para sorpresa de algunos vecinos y vecinas que en ese momento debían darme por loca.

Nunca se me había hecho tan corto cruzar el norte de la península ibérica, de Galiza a Catalunya como ese 14 de mayo de 1994. Y al llegar al Palau comenzó la fiesta. Nos colocaron en las gradas superiores, encima de una canasta. ¡Ideal para animar a la Penya hasta la extenuación! Era genial acompañar a la Penya como local, coreando las canciones de la megafonía del pabellón sin tener que ir a contracorriente, y con un Palau a rebosar de una afición que quería premiar al equipo por la hazaña europea. Claro, que entre mis colegas de clase también había seguidores/as del Barça, así que me metí en el papel de fan número 1 todo cuanto pude, para dejar claro que allí se animaba a la Penya. Tanto me metí en ese papel, tanto animé a la Penya saltando y tanto empeño puse en acompañar los cantos a golpe de brazos, que acabé con un esguince leve en mi brazo derecho que me serviría de recuerdo en los primeros días del resto de vacaciones. Pero no me importó. Y antes siquiera de que comenzase a dolerme (o de querer darme cuenta que me dolía) pude festejar la victoria de la Penya en el Palau, que empataba la eliminatoria a 2. También pude bajar a la tienda oficial del Joventut y comprarme la camiseta de algodón del 7UP Joventut, la camiseta gris con la cara de TomàsJofresa, la bufanda, verdinegra, la carpeta CJB, varios bolis, la gorra, el pin y el chándal. Y lo más bonito: que media clase se vino conmigo y se compraron también cosas varias de la Penya, de lo bien que se lo habían pasado de ver y sentir un partido del mejor equipo de la ACB en directo. Para mi alegría, ya de vuelta en Galiza, esa afición les duró años. Y a mí también.

En los años siguientes, en el instituto y jugando a básquet en varios equipos de la comarca como cadete y juvenil (siempre con el 6, como Tomàs Jofresa), ahorraba de mi paga semanal para comprarme cosas nuevas de la Penya por correo postal. Como el chándal verde, muy muy verde, del Festina Joventut, que a me ponía todos los lunes y jueves de mi 3º de BUP porque ese día tocaba clase de Educación Física. Tan verde era, que todos esos lunes y jueves de 1996/97 tenía que escuchar cómo los chicos del Madrid, algunos del Barça y algunos menos del Estudiantes me llamaban ‘a leituga’ (la lechuga), en horrorosa comparación con el único autobús urbano que existía en aquel entonces que unía los principales núcleos de población de Cervo. Lejos de amilanarme, me ponía el chándal con más ganas. Y mostrar mi devoción verdinegra me sirvió también para descubrir que mi compañero de clase Jorge Budiño era también fan de la Penya. ¡Menudo descubrimiento! ¡Por fin alguien con quien compartir mis penas y alegrías! En casa tenía también a mi padre de cómplice, que veía por mí aquellos cachitos de partido en los que la tensión se me hacía tan insoportable que tapaba los oídos y metía la cabeza bajo la manta del sofá para hacer como que me olvidaba del asunto y darle un respiro a mis uñas. De ahí que no haya visto en directo el triple de Corny Thompson en la Final Four de Tel Aviv, sino que lo que escuché fueron los gritos de mi padre, tan emocionado por su hija como yo misma, coreando “Campions!” sobre la bocina. Mi padre era también mi cómplice para llevarme a Lugo, Ourense, Xixón… a ver partidos del Joventut; y mi madre, para perseguirme con la cámara de fotos por entre los jugadores para sacarme esas fotos tan anheladas con Tomàs Jofresa y compañía.

Ser de la Penya me ha traído muchos otros momentos gratificantes, casi todos inesperados, e independientemente de que los resultados deportivos fuesen mejores o peores. Porque ser de la Penya es algo que se siente, como se siente la trayectoria histórica del equipo, su trabajo por la cantera, y su sentido de arraigo en la cultura, lengua y sociedad  a la que pertenece. Por eso, ¡qué emoción de nuevo cuando en 2006, al salir de la academia de inglés donde ambas dábamos clase, mi compañera Ana Suárez tenía que cerrar el portal y vi su llavero CJB! ¡Qué emoción en 2009, cuando casi a mis 28 volví a entrenar a básquet con las juveniles del equipo local de Burela para hacer más liviana la recta final de mi tesis de doctorado, y descubrí que la ilusión verdinegra continúa entre las generaciones más jóvenes! ¡Qué emoción este febrero de 2012, cuando de viaje a Irlanda invitada por el Centro de Estudos Galegos de la Universidad de Cork conocí a Sergi Mainer, y un comentario casual sobre algo verdinegro puso en evidencia nuestra pasión compartida por la Penya!  Horas y horas de contar anécdotas, de que Sergi me hablase de El Blog del Bressol, de revivir momentos del pasado y también, por supuesto, de soñar con momentos del presente.

Olga Castro (Birmingham, GB).

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8 comentarios

  1. No soy de la Penya, sino madridista (y hasta la médula, definiéndome a menudo como madridista del baloncesto, y luego del fútbol). Y también ex-compañero de estudios secundarios de Olga, con la cual con motivo de este maravilloso juego tuvimos nuestros piques (siempre sanos, claro está) en clase y cada lunes siempre que se producía una derrotilla de nuestros respectivos equipos, jejje.
    Pero precisamente por eso, por la pasión tan irrefrenable que nos une a los dos por este fabuloso deporte y aunque rivalicemos en simpatías, entiendo como nadie este espléndido artículo, el cual no podía dejar de comentar tras haberlo leído, e sempre para darche a noraboa, Olga, e agardar que poidamos disfrutar por moitos anos eses choques R. Madrid-Penya que polo visto penden dun fío nos últimos tempos e, se pode ser, coa intensidade de hai 20 anos.
    Adiviñas quen asina o comentario?…

    Si, claro, José “Joe” Anido 😉

    Un saludo a tod@s los lectores y participantes de este blog. Y en especial a mi amiga Olga, claro 😉

    • Vaia sorpresa máis oportuna! Veremos que pasa o domingo 🙂
      Moitas grazas polas túas palabras tan amábeis, Jose. Tempos aqueles… e tempos que virán. Pola emoción! E que sexa intensa.

      • Bueno, mellor non falamos do que pasou o domingo, ou?… XDDD. Ímolo deixar aí…jejej
        Apertas!

        • Ola Jose! Todo se andará… poquiño a pouco, sendo o que somos e facendo canteira, facendo “penya”. 🙂

  2. Xenial, Olga! Graciñas!

    Ai, Ramon! Què més vols saber? Tan bé com ha quedat la història! 😉

    I esperem poder compartir més moments aviat!

    Força Penya des d’arreu del món!

  3. Todos podemos darnos cuenta con este relato de lo lejos que llegamos, no es necesario ser de Badalona para ser fan de la Penya, puesto que ser de la Penya es un sentimiento y una pasion.
    ¡Bravo Olga!

  4. Com diu en Vicenç Papa per que som de la PENYA, per això fill per això

  5. Buena historia si señor. Por cierto, cuando venga Sergi, nos tendra que contar en Can Taroja que hizo con esta Galega!!!!

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